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Propuesta de Valor · El emprendedor

El emprendedor6 min de lectura·

Nadie te avisó que "ser tu propio jefe" venía con un pasajero de al lado: la soledad

Todos sueñan con no rendirle cuentas a nadie. Nadie te cuenta que "no rendirle cuentas a nadie" también significa no tener a nadie con quien bajar el bagre cuando la cosa se pone brava. Hablemos de eso que no se habla: la cabeza del que emprende.

Cuando arrancaste con tu negocio, alguien seguro te dijo la frase de siempre: "qué bueno, vas a ser tu propio jefe, no le vas a rendir cuentas a nadie". Y vos sonreíste, porque sonaba a libertad. Lo que nadie te dijo es que esa misma frase, dada vuelta, es la trampa. Porque "no rendirle cuentas a nadie" también quiere decir que no hay nadie arriba tuyo que agarre la pelota cuando vos ya no podés más. El que decide sos vos. Siempre vos. Solo vos.

Ser el dueño es la única soledad que se disfraza de libertad.

Pensalo con el ejemplo más burdo del mundo. El que trabaja para vos ficha a las seis, se sube a la moto y el problema se queda en el local. Vos no. Vos te llevás el problema a la cama, al mate de la mañana, a la ducha. Estás en el cumpleaños de tu sobrino, con el pedazo de torta en la mano, sonriendo para la foto, y adentro de la cabeza estás haciendo la cuenta de si te va a dar para los sueldos a fin de mes. Sonreís por afuera. Sacás cuentas por adentro. Y nadie en esa fiesta se entera de nada.

Y lo peor no es la cuenta. Lo peor es que no tenés con quién compartirla. A tus empleados no les podés contar, porque si les decís que estás apretado se te van todos el lunes. A tu familia muchas veces tampoco, porque no los querés preocupar, o porque te miran con cara de "y bueno, cerrá y conseguite un laburo tranquilo" y sentís que no entienden nada. Al de enfrente ni loco, ese es la competencia. Así que tragás. Y ese tragar solo, callado, día tras día, es lo que te va gastando por dentro. No te agota el trabajo. Te agota la soledad del trabajo.

Ahora, la parte importante, porque no vine a tirarte para abajo. Esto se puede vivir mucho mejor, y no cuesta plata. Cuesta animarse a tres cosas.

Buscate tu tribu

Un dueño entiende a otro dueño como no te va a entender nadie. Ni tu pareja, ni tu viejo, ni tu mejor amigo empleado público con aguinaldo y licencia. Necesitás dos o tres que estén en la misma que vos, para poder decir "che, estoy fundido, no sé qué hacer" sin que se te caiga el personaje. Puede ser un café cada quince días con otro comerciante del barrio. No tiene que ser un grupo de coaching carísimo. Tiene que ser gente que cuando decís "la estoy peleando" sepa exactamente de qué peso estás hablando.

Separá el "yo" del "negocio"

Este es el más difícil y el que más salud te devuelve. Cuando al negocio le va mal una semana, tu cabeza te dice "soy un fracaso". Mentira. Al negocio le fue mal una semana. Vos sos un tipo tomando decisiones con la mitad de la información, igual que todos los que emprenden en el mundo, desde el kiosquero hasta el que fundó Mercado Libre. El resultado del mes no es tu valor como persona. Repetilo hasta que te lo creas, porque el día que separás esas dos cosas dejás de morirte un poco cada vez que baja la caja.

Hablá. Aunque sea con uno.

No hace falta que te psicoanalices en la plaza. Pero el peso que se dice en voz alta pesa la mitad. Contale a alguien —tu pareja, un amigo, un terapeuta, el otro comerciante— la parte que te estás guardando. Vas a descubrir dos cosas: que no se cae el mundo por decirlo, y que del otro lado casi siempre hay alguien que estuvo igual y no te lo había contado por la misma razón que vos: por no quedar mal.

El negocio lo levantás con laburo. A vos te levanta la gente. No confundas las dos cosas.

Te lo digo porque en el fondo de todo esto hay algo que tiene que ver con lo que hago, aunque no lo parezca. Mi laburo es ayudar a que a tu negocio le vaya mejor. Pero de nada sirve un negocio que crece si el que está atrás se apaga. El primer capital de tu empresa no es la caja ni la clientela. Sos vos, entero, con la cabeza sana. Cuidá esa parte con la misma seriedad con la que cuidás el stock. Es la única que no se repone comprando más.

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